martes, 22 de septiembre de 2020

Ilusión

                                        

Bien es cierto que la palabra "amor" es como una montaña rusa en la cual siempre nos queremos subir, aunque nos cause mareos y ganas de vomitar, al final queda la satisfacción de que lo viviste. 

2:40 am de un 22 de septiembre, a mis casi 25 años y sólo pienso:

Me quiero enamorar. 

Otra vez.

Subirme a esa montaña rusa y encontrarme soñando con nuestra futura casa y el nombre de nuestros hijos. Saborear cómo suena tu apellido junto al mío. 

Entrelazar nuestros destinos. 

Que funcione y que dure toda esta vida, y si se puede, veinte más. 

Miro mi entorno y al parecer a la mayoría se les ha hecho realidad, tanto que ya tienen unas manitas pequeñas queriendo jugar y que en un tiempito los llamarán "papás".

Verlos aviva mis ganas de sentar cabeza, de encontrar a esa persona que me acompañe en esa parte especial de la vida. Pienso:

Qué afortunados, encontraron el amor a la primera

Todo es cuestión de tiempo, supongo, y de circunstancias.  

Aunque las mías no han sido las mejores, llevo un par de historias fallidas y un saco de ilusiones rotas.

Qué falta me hace sentir lo que es el amor.

Enamorarme.

De unos besos, de caricias.

De unas carcajadas a las 10 de la mañana.

Y de un abrazo de esa persona que amas cuando las cosas se complican.  

Soñar.

Tu futuro y mi futuro.

Las ganas.

El deseo, la ilusión.

Quizás todo esto es efecto de la crisis de los 25, cuando te das cuenta, que la vida no espera y que el amor, es selectivo.


domingo, 6 de septiembre de 2020

Normalidad


¿Es normal mezclar tristezas con amores fallidos?

¿llorar cuando escribes sobre ello?

¿Y escuchar música melancólica mientras lo meditas?

¿Es normal pensar en querer devolver el tiempo a ese momento de felicidad junto a alguien luego de lamentar que no te fue bien en el trabajo?

¿o imaginar un mundo paralelo donde todas las cosas hubieran sucedido diferente?

Hay dos lados, estamos divididos dentro de nuestra normalidad. Están aquellos que hablan demás para opacar el caos que llevan dentro y los que prefieren no hablar sobre ello porque se les quiebra la voz de tan solo mencionarlo.  

-los segundos somos más- 

qué difícil es hablar de lo que te quema por dentro, decirlo en voz alta lo hace partícipe de la realidad, un hecho y no un problema imaginario.

Pero es normal, supongo, que todos estemos un poco caóticos, solo que cada quien lo demuestra a su manera y lo transforma en lo que mejor le parezca. Unos en anécdotas y ganas de comerse el mundo. Otros en libros, dibujos y letras. Algunos lo transforman en más caos.

Es normal querer buscar ayuda, dar el paso y huir al sentirse expuesto. Sentirse ridículo por darle importancia a cosas pequeñas. Y llorar porque se comieron sin ti los tequeños. 

Todos tenemos la misma normalidad, sólo que en diferentes circunstancias. 

Para muchos es normal juzgar a otros por ello. 




sábado, 5 de septiembre de 2020

Neutralidad



Quizás no he tenido las mejores semanas, ni los mejores días, ni los mejores meses pero no puedo hacerme la víctima siempre. No tengo razones como la vida se las ingenió para dárselas a Edith Piaf...  Hay situaciones peores, hay vidas que duelen más. 

Por ese motivo quiero quedarme en esta neutralidad. 

Ni bien, ni mal. Ni con la frente en alto, ni totalmente hundida.

Y que alguien me diga que todo estará bien.

Mientras me abraza y me hace sonreír con alguna payasada.

Pero no hay nadie.

Depende de mí, hacerme sonreír. 

Y lidiar con esto que se esconde dentro de mí.

Mirarme al espejo y decir: todo pasa, ya verás, estarás bien.

Abrazarme a mi misma.

Aunque las lágrimas estén a punto de salir.  

martes, 28 de julio de 2020

Relato de una adicta




Después de días riendo con amigos y de distraerme por completo vuelvo al hueco, un lugar oscuro y vacío. Lloro sin llorar, siento sin sentir y no puedo levantarme de la cama. Quizás me volví adicta, no a la compañía ni a mi cabeza distraída. Al contrario, la detesto por marcar un límite entre el no estar bien y el aparentar estarlo. Todo se basa en pastillas, siempre lo critiqué y aquí estoy, deseándolas. Al menos cuando las tomaba tenía excusa para cubrir el hecho de estar sin estar. Terminé siendo una más, anhelando sentir lo que una pastilla provoca en mi cuerpo, aunque sea malo y lo repudie. Al menos de esa manera me sentía viva, porque cada día que contaba estaba muriendo un poquito más. 

Ahora mis lágrimas no tienen razón de ser. No les encuentro ni principio ni final. Vacía, con toda la expresión de la palabra. 

A veces, el único sentimiento que presento es miedo porque no sé qué viene después. No sé qué haré después. Mi mente maquina y no puedo detenerla. Todo lo que hago es para alimentarla y nada es suficiente, vuelvo al hueco y necesito respirar. 

Me esfuerzo y otros sin saberlo me asfixian. El oxigeno se agota y me canso, pero al final no siento nada. Las pastillas lo triplicaban todo y me quejaba, qué idiota. Soy de las que necesitan intensidad. Y parece que sólo unas pastillas contraindicadas pueden darme lo que me hace falta. No debí dejarlas.

Por supuesto que lo sé, es difícil salir cuando caes en el espiral de lo que necesitas y lo que te hace daño. Y aún más complicado es desprenderse del efecto que causa en ti y en cada una de tus fibras. 

Pero no importa, pocas cosas me importan. 

Mi mente no define, puedo pasar de alegre a neutra y permanecer en fase deprimida.

Mi organismo se altera, no percibo nada y cuando menos lo espero mi presión arterial decae.

Mi vista falla y los dolores aumentan.

Mi cuerpo y mi psiquis se degradan.

Quién lo diría, al final terminamos como aquellos que alguna vez juzgamos, sean en las circunstancias que sean. 



lunes, 6 de julio de 2020

Equivocados



Ella y tú.

Los años pasan y la vida da muchas vueltas, todo vuelve al sitio donde una vez estuvo. Donde todo comenzó, como un déja vu. 
Los corazones que alguna vez se toparon y sufrieron una bifurcación con el tiempo se tropiezan en un distorsionado punto, en el cual nada es viable pero todo se torna excitante y tentador.

Débil, esa es la definición. 

Ella inconscientemente guarda su corazón con la esperanza de que vuelva a encontrarse con el tuyo, mientras que tu corazón le pertenece a otra. Porque a eso se dedican, a guardar espacios para corazones equivocados. 

Y no, resultó que sí sabes amar, por un momento parecía que no tenías idea de tal sentimiento. Pero lo haces, sólo que no la amas a ella. Ella no es más que un relleno de un vacío que alguien más había dejado.

Y sin saberlo, sigue queriendo preservar su corazón para que lo cuides. Pero es imposible. La ecuación no calza, las flechas no van en la misma dirección. 

Ella siente que su corazón te pertenece pero tu corazón ya lo posee una mujer que te sedujo cuando apenas eras un niño. Y su nombre te remueve en tu interior. Algo que ella jamás te hará sentir porque no te marcó tan intensamente como ya lo habían hecho.

Y así va la cadena, en ti dejaron huellas y un par de iniciales. Luego tú te encargaste de escribir con tinta en su piel y de que no pudiera deshacerse de tu nombre con facilidad. Y así ella influyó en otro al intentar limpiar su cuerpo y esta otra persona ahora no puede sacársela de la cabeza... Podría seguir y seguir y jamás terminaría. Es esclavizante y sucesivo. 

Tanto ella como tú se están aferrando a corazones equivocados. 

Privándose de amar a quien sí les conviene. 

Ambos caminando en distinta dirección, desviándose del verídico destino. 






domingo, 28 de junio de 2020

Una gata sin gato



Hoy me he vestido de gata y tengo las ganas a flor de piel

me he visto al espejo y me he quedado sin aliento

soy extremadamente sexy

examiné cada una de mis curvas y me encontré

he vuelto a ser yo

y qué ansias de tener a un gato que me ronronee 

pero no un gato cualquiera

estoy tan jodidamente guapa que quiero que alguien más se lo disfrute aparte de mí

nunca había estado mejor y se siente

mi piel está más suave que nunca y mi boca está roja anhelando que la muerdan

soy tal obra de arte que salgo a la calle y todos miran

se acabó el pasar desapercibida

esta soy yo 

vivo la flor de la juventud y se lo pierden

intensa, apasionada, loca e indomable

no hay gato que me alcance

pero qué ganas de que dibujen mis líneas con una lengua rasposa 

quiero bailar y dejarme llevar por la música 

que me seduzcan y matarlos con mi cercanía

arañar sus espaldas y que me pidan más

siempre piden más

y alejarme cuando menos se lo esperen

al fin y al cabo soy una gata

es parte de mi instinto

mi prioridad soy yo y mi bienestar

mi juego preferido inicia cuando me empiezan a mirar diferente

saco mi lado más provocativo pero inocente y les engendro duda y curiosidad

luego los dejo hambrientos y me odian

al final no alimento a mi presa y me divierte verlos suplicar

mi parte favorita es cuando intentan calmar su hambre con una perra cualquiera

pero no se sacian

las perras no son tan divertidas

fáciles y vulnerables

las gatas como yo somos inolvidables

siempre querrán volver 

sólo dejo que lo hagan si me apetece

la dueña del juego soy yo

siempre he sido yo

soy una gata que tiene el control


jueves, 18 de junio de 2020

Placer



He de confesar que me encuentro estancada y por esa inevitable razón no había vuelto a escribir. Sin embargo, las ideas pasaban por mi cabeza pero sin ánimos de comenzar. Es casi imposible escribir sobre algo que ronda en tus pensamientos, algo que has tenido pero que ahora no lo tienes, como el placer. En la vida encontramos incontables placeres, de hecho, tengo una lista de ellos. Desde comer y dormir hasta hacer pipí o simplemente oler un buen perfume. Pero, hay un placer que me falta, uno de los más importantes...

-Anhelo el placer de sentirme deseada, del roce de la piel, de los mordiscos en los labios, del sudor y de las sensaciones-

El placer de sentirme viva, de la adrenalina. 

No soy de aquellas personas que buscan saciedad en cada rincón o en cada puerta, soy de las que se entrega si sé que eres capaz de hacerme vibrar de pies a cabeza. Y es difícil encontrar a quien lo haga.

No todos son capaces de lograr dar tanto placer que te hagan sentir en el cielo, no todos son tan apasionados.  No todos logran disfrutar cada detalle, porque de eso se trata.

El placer no sólo es acabar
  es gozar del roce de la piel y su suavidad
     es regocijarse con el aroma de la otra persona
       es mirar el reflejo de ambos cuerpos complaciéndose 
     es morderse los labios cuando ya no puedas más
   es mirarse a los ojos y no decir ni una palabra
 es tocar, gemir, sudar y explotar 

Muchos no saben el verdadero significado del placer, si fuese así, verían el sexo de otra manera y no lo harían con cualquiera.

Eligen una falsa satisfacción que los deja más hambrientos que al principio.

-y sí, anhelo el placer pero con alguien que no actúe como que sabe lo que significa sino que sea consciente de lo que realmente es-