Bien es cierto que la palabra "amor" es como una montaña rusa en la cual siempre nos queremos subir, aunque nos cause mareos y ganas de vomitar, al final queda la satisfacción de que lo viviste.
2:40 am de un 22 de septiembre, a mis casi 25 años y sólo pienso:
Me quiero enamorar.
Otra vez.
Subirme a esa montaña rusa y encontrarme soñando con nuestra futura casa y el nombre de nuestros hijos. Saborear cómo suena tu apellido junto al mío.
Entrelazar nuestros destinos.
Que funcione y que dure toda esta vida, y si se puede, veinte más.
Miro mi entorno y al parecer a la mayoría se les ha hecho realidad, tanto que ya tienen unas manitas pequeñas queriendo jugar y que en un tiempito los llamarán "papás".
Verlos aviva mis ganas de sentar cabeza, de encontrar a esa persona que me acompañe en esa parte especial de la vida. Pienso:
Qué afortunados, encontraron el amor a la primera
Todo es cuestión de tiempo, supongo, y de circunstancias.
Aunque las mías no han sido las mejores, llevo un par de historias fallidas y un saco de ilusiones rotas.
Qué falta me hace sentir lo que es el amor.
Enamorarme.
De unos besos, de caricias.
De unas carcajadas a las 10 de la mañana.
Y de un abrazo de esa persona que amas cuando las cosas se complican.
Soñar.
Tu futuro y mi futuro.
Las ganas.
El deseo, la ilusión.
Quizás todo esto es efecto de la crisis de los 25, cuando te das cuenta, que la vida no espera y que el amor, es selectivo.


