jueves, 25 de septiembre de 2025

Merecedora



Faltan dos días para mis 30.

Solo puedo pensar que no he aprendido la lección. 

¿Soy o no soy merecedora de la vida que sueño? Siento más lo segundo.

Es típico, todo en mi vida es así. Lo sueño, me ilusiono y la realidad me recuerda que nada de eso lo voy a vivir. 

Quizás me repetí tanto de niña la palabra fracaso que me persigue aún en los últimos días de mis veintes.

Ya lo sé, vivo en una eterna autocompasión, es verdad, Y sí, lo detesto. 

Pero no es que no lo he intentado, he hecho de todo con tal de ser y mantenerme positiva, pero mi vida no me lo permite. 

Algunos tienen la dicha de vivir una vida más fácil y eso está bien. Me alegro por ellos, pero en el fondo me pregunto, por qué mi vida no puede ser así. ¿Acaso no lo merezco? 

A veces me pregunto qué mal estaré pagando. Y sí, seguro me ves y pensarás que no comprendes cómo puedo tener estos pensamientos si tengo salud, padres, trabajo, ingresos, metas logradas. 

Lo que no sabes es que en el trasfondo la verdad hay mucho sufrimiento. Desde el minuto uno de mi nacimiento, desde es el momento que se dio la fecundación. 

Desde enero de este año, 2025, me he trazado y visualizado como otra mujer a mis 30, dejé atrás vínculos que me dolían y corté todo lazo al pasado, a los patrones repetitivos. Y la verdad, el día que cumpliría 30, quería celebrarlo por todo lo alto. No solo para conmemorar otro año de mi vida, sino para dar inicio formal a un nuevo ciclo, otra María, que lleva nueve meses preparándose, para dar la bienvenida a María Alejandra, esa mujer que a pesar de todo lo que ha vivido hasta ese día, se mantiene con la mente en alto, siempre guapa y coqueta, como si nunca hubiera sucedido esas miles de noches sin dormir, sin dejar de llorar, como que si esos ataques de pánico y ansiedad solo fueron una pesadilla, como que si nadie nunca la hirió.

Pero no se va a poder, como siempre, no se dará lo que soñé. No podré celebrar, no podré ponerme ese vestido que quería, no podré tomarme esa copa de vino para brindar por esta nueva etapa. 

La vida me ha llevado a retroceder un poco y eso me duele, siento que no deja de ser difícil. 

Y siento pero lo ignoro, que no soy merecedora de nada, Ni de celebrar, ni de sonreír, ni de que me amen, ni de tener una vida menos complicada. 

Quizás solo debo aceptar mi destino, este es mi destino. No puedo huir de lo que me toca. 

No nací para vivir esa vida soñada, no soy merecedora.