A veces me pregunto si cada una de las
personas que se encuentran en la faz de la tierra se hacen esta misma pregunta:
‘¿por qué no puedo tener una vida normal?’… Yo me la hago a menudo. De hecho,
cada que adquiero alguna experiencia, cada que llega una persona a mi vida,
cada que estoy viviendo un momento, cada día que pasa. No sale de mi mente, es
parte de mí.
Desde que tengo uso de razón no hay nada
que no lo complique todo, siempre me pregunto ¿por qué tiene que ser así? ¿Por
qué simplemente no todo puede estar bien? Cuando siento que está todo de
maravilla, ocurre algo que lo daña, lo afecta, lo destroza. ¿Me pasa sólo a mí?
Solía pensar que me daba miedo estar un poco feliz, porque sabía que pronto
todo ese sentimiento, toda esa emoción se iba a desvanecer en cualquier
momento. Podía definir esta única palabra con otra.
Felicidad = Efímero.
Sé que no estar bien a veces es bueno,
es parte del equilibrio, pero no entiendo la razón de que lo que no está bien
me persiga, y traiga consigo la tristeza, la inseguridad y el miedo. Cada que
vuelve es más fuerte, es más grave, es más insólito. No lo entiendo.
Hoy leí ‘cada tropiezo en su historia la
ha vuelto más sabia y más letal’ y no lo dudo, habla de mí. Cada inseguridad me
ha dado una enseñanza, pero ¿hasta cuándo? ¿En qué momento de mi vida
encontraré la verdadera estabilidad?
Tantas preguntas se esconden en una
sola, es como ese árbol que tiene años en aquel parque de la ciudad, con miles
y miles de raíces, unas más profundas que otras, empiezas a contarlas y nunca
terminas, así se ramifica esta incógnita en mi cabeza.
Son
muchas respuestas que espero pero realmente sólo quiero una, esa única
respuesta desencadenaría todas las demás. Sólo así acabaría mi dilema.
Y tu
dilema, quizás.
...

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