Hoy es 16 de mayo y aún no he podido dejar de pensar en el pasado día de las madres. No por lo especial sino porque creo que ha sido el más triste de todos los tiempos, en realidad. Ese día al ver que todos publicaban fotos, textos bonitos y demostraban la buena relación que tienen con sus madres fui consciente en su totalidad de mi realidad, de nuestra realidad. Confieso que tal vez sentí hasta un poco de envidia y por eso decidí dejar el celular a un lado y no mirar ninguna red social.
Sé que esperabas más de mí, mamá, pero no pude. No quería sentirme hipócrita, ni falsa. Puede que no sea tan buena hija, como lo sientes tú. Puede que tengas razón.
Confieso también que no soy capaz de leer por completo todos esos mensajes que me envías, apenas las primeras líneas... duelen mucho, de verdad duelen mucho. Me hacen recordar cuando era niña y te miraba desde lejos queriendo abrazarte y no podía, por miedo, por miedo a que me rechazaras. Y al final me iba a mi cuarto a escribir en un diario infantil mis sentimientos. Hemos vuelto a eso. Y esta vez, tampoco lo vas a leer, ni siquiera sabrás que he escrito algo al respecto.
Estos días me he puesto a pensar que mi mecanismo de defensa contra quienes me han hecho mucho daño alguna vez es cerrarme de corazón y de sentimientos. Y no es diferente contigo, mamá.
Sé que deseas que te diga que te amo, como toda hija normal lo dice ante su madre, yo también lo deseo pero no puedo. Y no es que no lo sienta, pero se me hace imposible expresarlo. Quizás por temor a abrir mi corazón y que digas o hagas algo que duela. No lo sé. Tampoco podemos actuar normal, eres una madre incomprendida pero yo soy una hija escasa de comprensión.
Y lo menciono porque no concibo entender tu manera de querer. Cuando intento acercarme, me alejas con palabras que hieren y cuando no lo hago, me lo reprochas. Eso duele.
Hoy ambas recordamos el momento en que nací. Bueno, yo no, pero lo imaginé. Sé que sufriste mucho y tuviste que esforzarte demasiado para mantenerme con vida, sé que te hice pasar muchos malos ratos y que aún lo sigo haciendo, pero yo no lo elegí y tú tampoco.
Tú no elegiste la preeclamsia, yo no elegí ser prematura. Tú no elegiste una hija crítica de salud, yo no elegí el reflujo. Tú no elegiste ser hipertensa, yo no elegí que lo fueras.
Quizás nuestra quebrada relación viene de allí, comenzó complicada, creció complicada y sigue rodeada de complicaciones. Pero no es tu culpa y tampoco mía.
Ojalá algún día podamos deshacernos de ellas, es una de las cosas que más quiero en el mundo... De hecho he tenido el fugaz pensamiento de que quizás eso suceda cuando haya una vocecita a lo lejos llamándome mamá. Ese día sabré lo que es estar en tu lugar.

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