Hoy he perdido mi anillo. No sé si vuelva a encontrarlo. Y estoy triste, pero nadie lo entendería si no lee esto. Y debo escribirlo porque si no lo hago no podría dejar de llorar.
Ahora, las señales.
El jodido universo me mandó las señales y no las vi.
Primera señal:
Hace dos días me dio una alergia específicamente en el dedo anular de mi mano derecha, donde suelo usar mi anillo. Tuve que darle un descanso.
Segunda señal:
En la mañana de hoy la alergia permanecía pero como vi que era en menor magnitud, decidí usarlo.
Tercera señal:
Mientras iba de camino al trabajo, noté el picor y la inflamación nuevamente, me dispuse a cambiar mi anillo de dedo. Para mi sorpresa no me quedaba en ningún otro, y aún así no lo guardé.
Cuarta señal:
Al llegar al trabajo, me dijeron que me colocara una crema para la alergia. Lo hice, y no lo recuerdo bien pero creo que puse el anillo en el dedo anular de mi mano izquierda, donde no quedaba tan bien como en la derecha. De alguna manera, todos los dedos son distintos.
Luego comencé a trabajar y cuando volví a mirar hacia mis manos, ya en casa, no tenía mi anillo. Sentí un vacío, busqué con desesperación, no tuve éxito.
A pesar de las señales, ignoré el hecho de que debía dejar de usar el anillo por un tiempo y guardarlo en casa. Hice caso omiso de lo que el universo me estaba diciendo y lo perdí. Y no, no existe otro anillo que lo reemplace, es imposible. Ningún anillo tiene tanta historia como ese ni tanto significado. Y ahora estaré triste por quién sabe cuánto tiempo si no lo encuentro.
A pesar de las señales, ignoré el hecho de que debía dejar de usar el anillo por un tiempo y guardarlo en casa. Hice caso omiso de lo que el universo me estaba diciendo y lo perdí. Y no, no existe otro anillo que lo reemplace, es imposible. Ningún anillo tiene tanta historia como ese ni tanto significado. Y ahora estaré triste por quién sabe cuánto tiempo si no lo encuentro.
Y así nos pasa con todo, con las personas, con el trabajo, con las distintas circunstancias.
El mundo nos pide a gritos que no hagamos algo y aún así lo hacemos, nos dice mediante señales pequeñas o grandes que no nos conviene alguna acción, lugar o persona y seguimos allí, ignorando. Y sólo nos damos cuenta cuando ya no hay vuelta atrás, cuando ya es demasiado tarde y el daño está hecho.

No hay comentarios:
Publicar un comentario