Odio sentir la necesidad de escribir porque sólo sucede cuando me siento rota.
Soy consciente que evado mi realidad, me he vuelto adicta al scroll, ver series y películas y a fingir que todo está bien. De alguna manera me hace sentir viva.
Claramente no es correcto, detesto explotar.
Me guardo cada sentimiento negativo que es cuestión de tiempo para que ocurra el estallido, siempre con las personas incorrectas, en el momento menos oportuno.
Hago demasiado ruido porque me obligo a callar por mucho tiempo pero es que, ¿a quién le importa?
Harto con mis quejas, detesto manifestar pero no puedo evitar el estruendo. Vomito mi sentir y luego me arrepiento, tal cual una bulímica. Quizás estoy enferma.
Odio esta montaña rusa.
Un instante muy arriba y de repente, en el subsuelo.
Quizás no me siento rota, la verdad es que lo estoy. En el fondo quiero remediarlo pero mi mente sabotea.
Odio sentirme motivada y al segundo, hundida.
No comprendo el detonante de todo esto, si mis traumas de la infancia, la constante comparación o mis fracasos en la vida. O todo a la vez.
Detesto la autocompación, odio ser la víctima de mi misma. Y dejarlo al descubierto. Pero me persigue.
Odio sentir que otros avanzan mientras que yo me hundo. Intento dar brazadas y me cae más arena. Me estoy ahogando. Quiero ser feliz por ellos pero me ciega esta oscuridad.
Simplemente siento que no puedo.
En la mañana escribo propósitos y en la noche los quemo.
Es agotador. Quiero quedarme en silencio y ahogarme en su totalidad y a la vez quiero luchar y acabar con estos sentimientos.
Quiero ser estable.
Quiero no romperme más.
Quiero ser feliz por mí y acompañar en la felicidad a los otros sin compararme en el intento.
Quiero sentirme viva constantemente y no por momentos.
Quiero respirar.
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