sábado, 10 de enero de 2026

Inevitable

 28/11/2020


Muchas cosas son inevitables, como las lágrimas cuando te preguntan "¿Está todo bien?" en tono preocupado. 

El nudo en la garganta, también lo es. Mientras que la palabras se quedan ahogadas en el alma, porque el dolor que te carcome no las permite salir.

Inevitable es que quien pregunta realmente comprenda.

No sabe, porque no lo ha vivido de cerca.

Inevitable es que todos noten el desastre en el que te has convertido, cuando ya se refleja en tus ojeras, en tu sonrisa rota y en tus oraciones de pocas palabras.

Inevitable es afirmar que harás algo para cambiar pero por dentro no tienes de idea de por dónde comenzar.

Inevitable es preguntarse: 

¿En qué momento me hundí tanto?

Y no saber la respuesta, mientras tú corazón se rompe un poco más.

Inevitable es que esperen mucho de ti, cuando tú ya no tienes fuerza para dar.

Pasado

 8/11/2020

La visita a los familiares.

El abuelo contando sus anécdotas, aunque ya las hayan escuchado más de una vez.

Las risas entre niños.

Los paseos.

De todo lo que yo recordaba, ya no queda nada. 

El tiempo se lo fue consumiendo.

Los familiares se separaron.

El abuelo ya no está.

Los paseos acabaron.

Los niños crecieron.

Qué poco dura la eternidad.

Y qué largo es el olvido.

Escape

 24/10/2020

Huí de un lugar y me encontré con la necesidad de un cambio de rumbo, un escape, algo.

Simplemente sentí el deseo de tener a alguien.

Y estuve a 3 de llamar a quien no debo.

Para olvidar, para que me haga sonreír, para trasladarme aunque sea 5 minutos.

Un escape que le dé un poco de brillo a tanta oscuridad.

Que me abrace mientras dice en tono carismático:

«Mándalos al diablo, María, vales tanto como una torre de rodio, pero ellos sólo prefieren el hierro»

Alguien que me dé ese empujón para reírme de las desgracias de la vida y que me haga pensar que lo que vale son esos momentos, dónde te sientes segura y todo lo demás, poco a poquito, va desapareciendo.

Vomité

24/10/2010

Finalmente saqué una parte de lo que me estuve tragando por tanto tiempo y aún el mal sabor no se va. Mi estómago está revuelto y las náuseas continúan. Quizás es el asco que siento de la humanidad. Diganme por qué creen que lo que hago está mal cuando ni siquiera se han visto en un espejo. Con qué moral me juzgan, si hay peores que yo. Incluyéndote.

"Has cambiado"

"Tú no eras así"

"No actúes de esa manera, no es correcto"

"No deberías hacer eso"

Y qué si cambié, aunque no lo hice, ésta siempre he sido yo. Sólo que más cansada y menos sumisa. Un poco más harta, de la vida y de las injusticias. Y sin la venda en los ojos.

Así que quiero saber...

¿Entonces cambiar es sinónimo de dejar de esconderte bajo las sombras de otros?

O cuál es el significado. Porque no lo consigo en la perspectiva de terceros.

Vomité y me dió más asco la reacción de los otros que lo mío. 

Siento la boca agria y no es por las palabras que escupí, sino por aquellas que mis oídos lograron escuchar.

Mis ojos lloran, de impotencia quizás, porque no pude sacar todo lo que me está carcomiendo por dentro.

¿Que debo tener cuidado porque me van a perjudicar?

Haga lo que haga, bien o mal, siempre salgo con las tablas en la cabeza. De cualquier manera, al final es el mismo resultado.

Vomité y quedé con tal ardor en la garganta que tuve que salir corriendo de ese lugar.

Huí, quizás, pero es que ya no podía rodearme de tanta asquerosidad.

No quería terminar ensuciandome, aunque estuve a punto de agarrar mi propio vómito y regarlo por las paredes, que todos se dieran cuenta de lo que estuve llevando por dentro. Pero de qué vale, mi pensar no vale, no soy nadie, sólo una más.

Vomité y estoy segura de que lo usarán en mi contra. Pero más me vale desocupar un poco de espacio para poder seguir tragándome más.

Autor desconocido

 «Te miro dormir y siento que eres la persona más linda del mundo, aunque en este momento tengas la expresión enojada, probablemente por mi intensa manía de tocarte el pelo. Tengo miedo de que te despiertes y me preguntes: ¿Qué haces? Tengo miedo de que me lo preguntes porque realmente no sé qué hago tocándote el pelo hace más de media hora. Creo que es una necesidad, sabes, la de tocarte, digo. Es como si el cuerpo me doliera si no lo hago.

Te miro dormir y siento que eres la persona más linda del mundo. Yo sé que no conozco todo el mundo, pero tampoco me hace falta. Una puede percibir bastante el mundo sin conocerlo. ¿Viste esos días en los que te levantas triste y no sabes decir la razón? Bueno, yo estoy segura de que es el dolor del mundo que cada tanto se nos cala en los huesos. El dolor es tan fácil de sentir… con el amor la cosa es un poco diferente. Difícil, sí. Porque los malos momentos vienen solos y de repente, pero el amor se construye y lleva tiempo. Debe ser el amor el que me hace verte como la persona más linda del mundo, aunque no lo conozca. Al mundo, digo. Del amor escuché algunas cosas, sabes. 

Que duele.

Que es mutuo.

Que si no es mutuo, se parece al amor, pero es otra cosa.

Que se termina, a veces.

Que te da sensaciones raras en la panza.

Que nunca te completa, pero sí te parte.

No tiene buena fama el amor, pero todos lo buscan.

Te miro dormir y siento que eres la persona más linda del mundo. Y que si no lo fueras, igual te querría durmiendo al lado, por hacerme sentir que lo eres. Queda cursi, sabes. Pero a veces hay que ser cursi, digo. Porque de todas las millones de personas que están existiendo, tú eres la que me moviliza. Y en este momento, sabes, ahora, digo, sigue habiendo enfermedades, guerras, muertes, balas, policías reprimiendo, políticos estafando, chicos robando cosas que no querían robar, chicos disparando a personas que no querían ser robadas, sigue habiendo chicas secuestradas, y millones y millones de tipos y tipas infelices, asfixiados en una vida que los va a matar de angustia, si no es que los y las matan antes las pastillas que consumen para tapar esa angustia. Sigue habiendo corrupción, xenofobia, pedofilia, homofobia. Sigue habiendo injusticias. Sigue habiendo todo, pero te miro dormir y yo me olvido. Por un rato, el mundo se vuelve un lugar habitable. Para ser honesta, hermoso. Hasta pienso que quizás tu ceño fruncido no sea producto de mi insistencia con tocarte el pelo, sino la manera inconsciente que tienes de estar en desacuerdo con lo horrible del mundo. Y sonrío, triste. Me pregunto cómo haces tú para olvidarte un rato del mundo cuando no tienes la suerte, la increíble suerte, de verte durmiendo»

Bombardeo

 

Odio sentir la necesidad de escribir porque sólo sucede cuando me siento rota.

Soy consciente que evado mi realidad, me he vuelto adicta al scroll, ver series y películas y a fingir que todo está bien. De alguna manera me hace sentir viva.

Claramente no es correcto, detesto explotar. 

Me guardo cada sentimiento negativo que es cuestión de tiempo para que ocurra el estallido, siempre con las personas incorrectas, en el momento menos oportuno. 

Hago demasiado ruido porque me obligo a callar por mucho tiempo pero es que, ¿a quién le importa?

Harto con mis quejas, detesto manifestar pero no puedo evitar el estruendo. Vomito mi sentir y luego me arrepiento, tal cual una bulímica. Quizás estoy enferma.

Odio esta montaña rusa. 

Un instante muy arriba y de repente, en el subsuelo.

Quizás no me siento rota, la verdad es que lo estoy. En el fondo quiero remediarlo pero mi mente sabotea. 

Odio sentirme motivada y al segundo, hundida.

No comprendo el detonante de todo esto, si mis traumas de la infancia, la constante comparación o mis fracasos en la vida. O todo a la vez.

Detesto la autocompación, odio ser la víctima de mi misma. Y dejarlo al descubierto. Pero me persigue.

Odio sentir que otros avanzan mientras que yo me hundo. Intento dar brazadas y me cae más arena. Me estoy ahogando. Quiero ser feliz por ellos pero me ciega esta oscuridad.

Simplemente siento que no puedo.

En la mañana escribo propósitos y en la noche los quemo. 

Es agotador. Quiero quedarme en silencio y ahogarme en su totalidad y a la vez quiero luchar y acabar con estos sentimientos. 

Quiero ser estable.

Quiero no romperme más.

Quiero ser feliz por mí y acompañar en la felicidad a los otros sin compararme en el intento. 

Quiero sentirme viva constantemente y no por momentos. 

Quiero respirar.





jueves, 25 de septiembre de 2025

Merecedora



Faltan dos días para mis 30.

Solo puedo pensar que no he aprendido la lección. 

¿Soy o no soy merecedora de la vida que sueño? Siento más lo segundo.

Es típico, todo en mi vida es así. Lo sueño, me ilusiono y la realidad me recuerda que nada de eso lo voy a vivir. 

Quizás me repetí tanto de niña la palabra fracaso que me persigue aún en los últimos días de mis veintes.

Ya lo sé, vivo en una eterna autocompasión, es verdad, Y sí, lo detesto. 

Pero no es que no lo he intentado, he hecho de todo con tal de ser y mantenerme positiva, pero mi vida no me lo permite. 

Algunos tienen la dicha de vivir una vida más fácil y eso está bien. Me alegro por ellos, pero en el fondo me pregunto, por qué mi vida no puede ser así. ¿Acaso no lo merezco? 

A veces me pregunto qué mal estaré pagando. Y sí, seguro me ves y pensarás que no comprendes cómo puedo tener estos pensamientos si tengo salud, padres, trabajo, ingresos, metas logradas. 

Lo que no sabes es que en el trasfondo la verdad hay mucho sufrimiento. Desde el minuto uno de mi nacimiento, desde es el momento que se dio la fecundación. 

Desde enero de este año, 2025, me he trazado y visualizado como otra mujer a mis 30, dejé atrás vínculos que me dolían y corté todo lazo al pasado, a los patrones repetitivos. Y la verdad, el día que cumpliría 30, quería celebrarlo por todo lo alto. No solo para conmemorar otro año de mi vida, sino para dar inicio formal a un nuevo ciclo, otra María, que lleva nueve meses preparándose, para dar la bienvenida a María Alejandra, esa mujer que a pesar de todo lo que ha vivido hasta ese día, se mantiene con la mente en alto, siempre guapa y coqueta, como si nunca hubiera sucedido esas miles de noches sin dormir, sin dejar de llorar, como que si esos ataques de pánico y ansiedad solo fueron una pesadilla, como que si nadie nunca la hirió.

Pero no se va a poder, como siempre, no se dará lo que soñé. No podré celebrar, no podré ponerme ese vestido que quería, no podré tomarme esa copa de vino para brindar por esta nueva etapa. 

La vida me ha llevado a retroceder un poco y eso me duele, siento que no deja de ser difícil. 

Y siento pero lo ignoro, que no soy merecedora de nada, Ni de celebrar, ni de sonreír, ni de que me amen, ni de tener una vida menos complicada. 

Quizás solo debo aceptar mi destino, este es mi destino. No puedo huir de lo que me toca. 

No nací para vivir esa vida soñada, no soy merecedora.