sábado, 25 de abril de 2020

Belleza



¿De qué sirve la belleza y la hermosura si no llega alguien digno para valorarla?

Si no hay nadie que la admire, ¿por qué está allí? 

Los ojos se hicieron para encontrar, admirar y valorar, para recorrer la belleza de las simples cosas y de la sencillez en persona, pero es en lo que menos se centran. Se fijan en falsas hermosuras que se agotan, se extinguen porque no son verdaderas. 

Hay quienes logran ver aunque sea un poco la verdadera belleza, pero no es suficiente, apenas la notan. Al final, pasa desapercibida porque no son dignos de ella. 

Están aquellos que no se imaginan el potencial, la magnitud de aquella belleza, hasta dónde podría llegar, ni siquiera la detallan y sólo le brindan una mirada casual. 

Entonces, ¿por qué existe si nadie se da cuenta? ¿por qué sigue ahí?

La belleza es un tesoro que merece ser valorada por lo que es y no por lo que aparenta ser, debe ser admirada por unos ojos que valgan lo mismo que ella, que la merezcan. 

Pero, ¿dónde se esconden esos ojos que brillan al verla?

Al menos un par se tienen que topar con tan radiante belleza. 

Al menos alguien tiene que detenerse y apreciar semejante grandeza. 


viernes, 10 de abril de 2020

Rompecabezas



Hay quienes no tenemos un lugar y de tanto buscar permanecemos en la deriva, esperando que alguien nos mire, valore nuestra forma y nos dé un espacio donde encajar, como piezas de rompecabezas.

A veces nos dedicamos a probar, una y otra vez, piezas que se asemejan a la forma de nuestro vacío y lo único que logramos es deformar nuestro espacio, nos equivocamos al seleccionar las piezas y nos esforzamos en encajar, sin percibir que nos hacemos daño al forzar nuestros bordes y al exigir que nos reciba. 

A veces decidimos abrir nuestro corazón, inconsciente e inevitablemente y dejamos que aquellos a los que le dimos un lugar lo recorran como les venga en gana, creen que pueden irse y volver como si nada, como si el corazón fuese un pasillo con puertas batientes.

A veces nosotros mismos no valoramos nuestra forma y nos exponemos fáciles y vulnerables para aquellos que nos probaron una vez.

A medida que vamos construyendo nuestro propio rompecabezas vamos coleccionando piezas que se adosan con facilidad, como almas gemelas, sin necesidad de presionar. Sin embargo, todos somos la pieza faltante en el paisaje de alguien más, la más difícil de encontrar.
  
Somos piezas de rompecabezas.

Deseosos de pertenecer.

De tener un lugar.

De llenar un vacío.

De que nos reconozcan sin necesidad de ocupar el espacio de alguien más. 


miércoles, 25 de marzo de 2020

Colapso

Do you want to delete all these feelings?

Justo ahora y en este preciso momento necesito escribir, requiero poder sacar todo esto que me esta consumiendo por dentro. Estoy harta de sentirme así, y todo por culpa de mi mente. Es raro que una persona que parece que lo tiene todo entre en colapso, ¿no? pero así es la vida, muy poco nos llena.
Desde muy niña me empecé a catalogar de una manera, muy poco agradable para una pequeña dulce y sonriente. Me calificaba de mala hija, primero que todo, mala hermana, mala estudiante, mala persona... en pocas palabras me consideraba un fracaso, un ser que habría tenido que morir al nacer y no un milagro como toda mi familia dice.
Mala hija por desobedecer a mi madre cuando quería ir a jugar y ella no me lo permitía, mala hermana por tener celos y pensar que solo a ella la querían, mala estudiante porque no eximia todas las evaluaciones y mala persona, por existir, porque con solo respirar sentía que era un problema para los demás. 
Viví con esos pensamientos por mucho tiempo, rondaba en mi cabeza el hecho de desaparecer. En el colegio no me fue bien, no encajaba, también me calificaba de fracasada por eso, por no ser capaz de hacer amigas de verdad. En esta etapa me hallaba más fracasada que nunca, decepcioné mucho a los míos y eso me hacia sentir peor de lo que mis fibras podían percibir. 
Decidí irme de casa a estudiar lejos, pensé que era lo mejor, alejarme y dejar de causar tanto dolor.
Todo iba bien al principio, por un momento se me olvidaron mis malos pensamientos y tenía una meta. Al final no la conseguí y me sentí desdichada, otra vez, mi sueño de estudiar la carrera que anhelaba se volvió más inalcanzable de lo que ya era. Traté de mantener la calma y esforzarme una vez más, una segunda oportunidad y lo logré, fui realmente feliz... pero luego de una gran felicidad siempre, siempre vienen las peores tormentas y así fue, había logrado avanzar en mi carrera, había hecho amigos que sentía que eran de verdad, hasta que me di cuenta que en realidad estaba muy sola y que no debí confiar. Fracasé, otra vez, en amistad, en el amor y en mantenerme a raya. Mis pensamientos de fracaso de la niñez se hicieron tan vívidos que solo volví a desear desaparecer, era obvio que yo no debía estar aquí, en este mundo, siendo un obstáculo para los demás. Me hundí, me hundí tanto que casi lo hago real, la única razón que me frenó fue mi familia, ponerme en su lugar. Ya les había causado suficiente daño como para provocar aún más. Me dediqué a leer para olvidar, los libros muchas veces son salvación, eso fueron para mi. En el momento justo llegaron los libros indicados y algo dentro de mí pude cambiar, no fue fácil, de verdad que no, estaba muy rota y reconstruirme iba a ser complicado pero eso también lo logré. Luché contra mis demonios y los encerré, en especial esos dos demonios que se encargaban de repetir "eres un fracaso" "Tienes que desaparecer". Fueron confinados a estar en un baúl bajo llave y por primera vez, desde que tenía uso de razón, sentí paz. Me encontraba plena y segura. Fue un largo tiempo que estuve así, todo iba muy bien para mi, a pesar de esas cosas pequeñas que perturban, las cuales siempre van a estar pero que son normales, propias de una persona común. Hoy en día he perdido esa calma, otra vez, me siento al borde del precipicio y tengo miedo de caer, si caigo el baúl se destroza y todos los demonios podrán salir. Ellos nunca se quedaron tranquilos, siguieron dando batalla pero nada que no podía controlar, hasta ahora. Se han vuelto más fuertes y yo estoy adquiriendo debilidad, estoy luchando pero siento que ya no puedo. El demonio "eres un fracaso" es quien quiere tomar el control y acabar con todo y me estoy odiando porque lo estoy dejando de a poco. Sin embargo,  no soy capaz de pronunciar esas palabras para calificarme de esa manera, no de nuevo, ni siquiera lo quiero ni pensar, no me lo puedo permitir... pero si sigo así, el demonio ganará y lo que había construido quedará hecho polvo y yo también. No encuentro una explicación para esta mala jugada que me está haciendo mi mente pero está en mi contra, me he perdido, me estoy rompiendo justo donde había logrado unir las piezas. Y no sé si esta vez, pueda salvarme.


miércoles, 11 de marzo de 2020

La luna y el lobo




Había una vez una chica curiosa, juguetona y fuerte. Esa chica era la luna, quizás porque tenía un lado oculto que muy pocos conocían, por no decir nadie. Aunque en realidad, sí existían al menos dos que habían llegado más allá que cualquiera, buscaron la manera y lograron conocer su otra faceta, sus muchas facetas. Ella dejó que esto sucediera porque no lo podía evitar, y le encantaba, le fascinaba que por fin alguien estuviera capacitado para llegar, para adentrarse en lo más profundo de su ser.
Había una vez un lobo, de personalidad ágil y astuta, sumamente sigiloso, se movía con cuidado, daba un paso y en seguida saboreaba el próximo, con tal fuese a conveniencia, todo bien por él. En ocasiones se vestía de cordero, arma de doble filo. Era alabado por muchos y odiado por el triple de aquellos que lo admiraban.
La luna creía profundamente en el amor, de hecho una vez se enamoró tan perdidamente que olvidó quién era, pero esa es otra historia; ella podía perderse mil veces y mil veces encontrarse y así lo hizo aquella primera vez, era capaz de eso y más. Aprendió que el amor venía desde adentro y se veía, destacaba en cualquier lugar y de cualquier manera.
El lobo era un maestro de las mentiras, un experto cuando el juego iba de eso, siempre salía ganador. En una oportunidad, se convirtió en el más fuerte, el líder de su manada, todos apoyaban cualquier cosa que tuviera que decir, hasta las boberías. Para los demás él era el mejor y el más gracioso, nadie podía ser como él. Aunque otros lo intentaran, sólo eran una copia fiel de lo que él hacía y al final, el poder sólo se encontraba bajo su manga.
Un día, así sin más, la luna y el lobo intercambiaron miradas, ya se conocían de antes pero ese día comenzó todo.

eye contact

Si alguien hubiese querido saber la definición de complicidad sólo tenía que fijarse en aquel par, empezaron una aventura clandestina, nadie como ellos, besos en la espalda, visitas inesperadas, miradas y sonrisas, quién se lo iba a imaginar.
A pesar de lo adrenalínico que era ese episodio que ambos estaban viviendo, no duró mucho. Él se sentía agobiado, quería tener el poder total sobre la luna y no podía, era la única mujer que no se había dejado dominar, así que en poco tiempo le puso el ojo a la primera que se le topó en las narices y huyó tras ella, sin decir una palabra a la luna. Dejó de manera repentina las visitas, se esfumó, simplemente desapareció y no dio razón alguna.
Para suerte de la luna, ella se encontraba en el inicio de la mejor etapa de su vida, así que no le afectó, en realidad no sintió ni un poco de dolor, su corazón se estaba fortaleciendo y esto no lo iba a frenar. La luna siguió su camino, creció, creció mucho y a medida que se volvía más grande su belleza se magnificaba.
Una tarde, la luna descubrió que el lobo había cazado a alguien más, y para su sorpresa la chica era fruto de una de las tantas mentiras de su repertorio. Era de esperarse, así que ella sólo se rió y siguió avanzando.
Mientras tanto, el lobo se dio cuenta que esta presa no era como él esperaba, no funcionó y también se alejó.
Luego de un largo tiempo, el lobo y la luna se toparon nuevamente, de testigo la luz de las estrellas. Ella estaba disfrutando la velada, él la miraba y de un momento a otro, comenzaron a bailar. El lobo decidió que la quería, y haría lo que fuera para recuperarla.
Una vez más la complicidad se había adueñado de aquel par, pero sólo había un problema, la luna ya tenía a alguien más, alguien perfecto para ella y ella sentía que se estaba enamorando de verdad.
Al lobo no le importó y siguió con su plan, su boca se hacía agua cada vez que veía a la luna, sus ansias de querer conquistarla lo descontrolaba, su olor lo sacaba de su cordura y la necesitaba, realmente la necesitaba.
Por cosas de la vida ocurrió algo que hizo que la luna y el lobo se acercaran y él aprovechó la oportunidad. Pasaban los días y había menos distancia, el vínculo y la confianza incrementaba, aún más que aquella vez fallida, cuando el lobo decidió escapar.
El corazón de la luna se empezó a descontrolar, su vida estaba dando un vuelvo en ese momento y se dio cuenta que estaba queriendo al lobo más de lo que debería, estar con él la hacía demasiado feliz pero no podía permitir que siguiera haciéndose una realidad. Vio en el lobo un escape, para lo que estaba viviendo con su otra persona especial.
Regresaron las visitas inesperadas, los dulces y la complicidad pero paralelamente las cosas empezaron a ponerse un poco complicadas. La luna estaba viviendo dos vidas y sin que nadie supiera, el lobo también.
La luna sabía que el vínculo no podía avanzar y odiaba tener que alejarse pero fue sincera con él, tan sincera que no dejaba de llorar. El lobo en cambio, le planteó dos opciones, un ultimátum, parar de una vez o llevarlo más allá. Esto fue un estallido para la luna, pero se dio cuenta que era el final.
Pasaron días y la luna no dejaba de llorar, extrañaba al lobo, extrañaba su manera de quererla y anhelaba hacerle saber que lo quería también. Cometió el error de llamarlo y él fue a verla. Esa fue realmente la despedida, aunque ninguno de los dos se lo imaginara.
La luna y el lobo decidieron seguir con sus vidas, cada quien por su camino y fue cuando la luna se percató de alguien más. El lobo estaba jugando a las mentiras, otra vez, y ella no lo podía dejar pasar. Ella asimiló que él era un cobarde y que no era capaz de aceptar su realidad. La historia se estaba repitiendo una vez más.
La luna decidió alejarse definitivamente, el lobo no valía la pena y jamás dejaría de ser un lobo en búsqueda de carnada, amante de las mentiras.
El lobo tenía un plan, intentaba conquistar a la luna pero como lo veía más imposible que posible, puso el ojo en otra presa, al final él ganaría, perdería a una pero ya había pensado a quién darle su lugar. Y así fue, él decidió comenzar una historia e hizo caso omiso de lo que pensaran.
Para el lobo todo iba bien, más que perfecto, su presa era como siempre la había buscado. Se consideraba afortunado, pero tampoco duró mucho. Todo se complica en algún momento y hasta a los que se salen con la suya les pasa.
Mientras tanto la luna estaba lidiando con sus guerras internas, de tener a la persona perfecta, y se desvió. Ella también se complicó, se había enamorado del lobo pero el lobo nunca lo supo.
La luna se obligó a dejar atrás sus sentimientos y así sucedió. De repente lo veía y nada sentía, después del querer viene el odio y luego del odio ya no sigue nada. Su corazón estaba neutro.
Tiempo después, el lobo y la luna intercambiaron palabras, ya no pasaba nada. Ese día la luna confirmó que ya no lo quería y que él volvió para enseñarle que olvidó cómo quererlo.

         Fin


martes, 18 de febrero de 2020

Después de ti.



Después de ti entendí que debo ser más compresiva, que quizás no hay que ser tan radical con los principios y que tengo que aceptar que todos podemos caer en tentaciones. 

Antes de ti sobreprotegía a los míos y me encapsulaba a mi misma, hacia de mis principios reglas inquebrantables y los extrapolaba a las otras personas, limitándolos a ellos y limitándome yo. Me nublaba la cabeza al buscar la manera de evitar el daño en otros y que a su vez ese daño me afectara a mí. Si ellos salían de mi frontera me indignaba, inasequible vivir con lo que fuera.

Para mi era impensable romper alguna de esas reglas pero tu eres de esas personas que a pesar de su grosor rompe paredes y muros sin importar qué y aunque causes daño al principio, en el desenlace o al final, logras remover el mundo de cualquiera.

Es muy fácil caer cuando buscas sentirte viva.

Después de ti descubrí que todos queremos sentirnos vivos y que no importa el riesgo o las consecuencias, que lo único que vale la pena es lanzarse aunque todo esté en contra. 

No puedo hacer muros sobre los muros que muchas personas se fuerzan a saltar, no soy quién, y contigo lo aprendí. No estoy aquí para evitar que otros vivan, estoy aquí para caer en tentaciones como todos los demás y eso no quiere decir que dejaría de ser buena o que no marcaría la diferencia. Mi esencia permanece y sigo siendo yo, sólo que más humana y más real. 

Tú me has hecho más real. 

Después de ti aprendí que hasta la persona más perfecta comete errores y que privarse de ciertas cosas no es lo más sano ni lo que te hace feliz, que no debo juzgar a la gente y que sólo hay que disfrutar. 

Después de ti empecé a existir sin importar la existencia del mundo que me rodea.

Después de ti soy más calma y menos tormenta.


miércoles, 5 de febrero de 2020

Carta al hombre perfecto



El día que te conocí creí en el flechazo a primera vista, sentí que nos habíamos encontrado en otra vida y que te habías perdido para volver a hallarte una vez más. Ese día, ese mes, bajo las estrellas. Juro que esa noche la disfruté como no tienes idea, fue real, lo que sentí fue real, eras tú. 

Eres el hombre más perfecto que he conocido en esta vida, lo que siempre he buscado, lo que he soñado y lo que toda mujer anhela. 


Tus valores, tus caricias, tu atención, tu mirada, tus manos, tus sueños, tus ambiciones, tu sinceridad, tu amabilidad, tus locuras imposibles, tu risa, tu voz, tu corazón. Todo tú eres oro, eres único e inigualable y me siento jodida por no valorarte, por no tener la capacidad de amarte. Te encontré pero no podemos ser, pasó el tiempo y comprendí que mi corazón está disfuncional, no te puedo amar. Y mereces ser amado tan intensamente como sólo tú sabes hacerlo. 

El tiempo respondió una de mis preguntas, y es que he dejado de sentir, percibo imposible amar a alguien nuevamente como lo hice una vez y lo odio. No quiero perder la oportunidad de estar con un hombre tan valioso, no otra vez. Tú eres la clara imagen de ese hombre, eres todo lo que está bien y odio las circunstancias que nos tocó vivir. Odio que no pude lidiar con eso, odio tener miedo. Mi miedo me llevó a matar aquella semilla que estaba floreciendo. Y soy una cobarde por dejarte ir, pero es egoísta de mi parte tenerte si no te puedo cuidar. Te lo dije, mereces más, mucho más. Te quiero, pero no logro sentir más allá y lo detesto. No te imaginas cuánto deseo saber por qué no funciono, por qué he perdido la capacidad. 

Quizás eres demasiado bueno para mí y soy yo quien está mal. Y no me lo merezco, quizás no me merezco a alguien tan especial. 

Eres magia, un príncipe que salió de un cuento de hadas. Eres perfecto, joder. Quería amarte, lo intenté, pero no puedo. Quería que fueras para mí, pero yo no soy para ti. Y lo siento, por lastimarte, por forzar algo que no iba a funcionar. Yo te exigí y no di, te fallé, perdóname por eso. La vida es injusta y sólo a gente como nosotros nos pasan estas cosas, porque somos buenos, o quizás, yo no soy tan buena como parece y estas son las consecuencias. 

Perdón.


Perdón por hacerte creer que podía llegar a amarte mucho, una noche te lo dije, pero es que yo creí que iba a ser real, lo prometo. Ahora, mi corazón es un desmadre y me siento rota, perdida. Y lo siento, porque te hice aguantar eso. Fui efímera, intermitente y tú estás para que no te dejen ni un momento. Eres luz, vales demasiado, lo repito. No eres un inútil, eres suficiente y sé que alguien te va a amar de la manera más bonita que pensarás que estás dentro de tu propia película. Y yo, estaré feliz al verte ser feliz.

Una vez más, eres el hombre más perfecto que he conocido en mi vida.

Y de eso, no tengo ninguna duda.



domingo, 12 de enero de 2020

Incorrectos


     
     Dicen que el amor llega por sí solo, un día sin más, te das cuenta que te has enamorado. Te preguntas ¿cómo es que de repente empecé a sentir esto? Te encuentras haciendo cosas que jamás pensaste e imaginando conversaciones y momentos en tu cabeza, necesitando ver esa sonrisa que te revuelca hasta la más mínima fibra de tu ser. Es bonito y está bien hasta que la realidad, mediante hechos, te estrella: es la persona incorrecta.

     He conocido a una chica que se ha enamorado una vez y media. “Y media” porque su corazón estaba tan revuelto que no reconoce lo que fue, pero era algo parecido al amor, algo que la llevaba a hacer cosas por él. Ella sólo buscaba sentir algo parecido a lo que había sido la primera vez, pero falló. Es una chica que se ha enamorado de los hombres incorrectos, de aquellos que juegan con ella, que se acercan y la lastiman. Es una total desgracia. De estos amores sólo le quedaron unas cuantas cosas: un cigarrillo, palillos chinos y un par de condones.

     A veces dejas que las cosas sucedan y no haces nada al respecto, aunque eso conlleve a tu perdición. Te toca salvarte por sí solo porque después del amor incorrecto viene la soledad y con ella los recuerdos, que más que ilusionarte, te carcomen.

     Y sin embargo, aún quieres encontrar un amor bonito, uno real, un amor correcto. Anhelas conocer a la persona idónea para ti pero no llega, te obligas a que te atraiga cualquiera y cuando piensas que lo has encontrado, tú no funcionas, la persona incorrecta eres tú.

     Es curioso pasar al rol del incorrecto, comienzas a lastimar como lo hicieron contigo, inconscientemente. Tomas lo que necesitas y luego te vas. Permaneces intermitente, un día estás y al otro no. Evades, te aíslas, entras al juego de ser algo que no eres y de sentir cosas que no sientes.

     Entonces, a veces piensas que dos personas que están en la misma categoría no pueden estar en la misma línea o en la misma página, concluyes que no eres para nadie y que no hay nadie para ti. Al menos, en esta vida.