lunes, 25 de mayo de 2020

Señales




Hoy escribiré sobre las señales que el universo, el destino, la vida, Dios o quien sabe quién nos mandan y estúpidamente las ignoramos. ¿A qué viene esto? Bueno, primero debo aclarar que a veces la gente no comprende el valor que le damos a ciertos objetos porque ven solamente algo material y no se percatan que no es el objeto como tal lo que valoramos, sino la persona o las personas que lo representa. Todos tenemos objetos con ese valor especial, y si hay alguien que no, entonces probablemente no tenga sentimientos. A mí me sucede específicamente con un anillo, no es uno cualquiera. Este anillo me lo dio mi mamá, mi papá se lo había regalado, según ella había pertenecido a una de sus infinitas ex's. Era chistoso, eso le daba más peso. Representa la juventud de ambos y la unión que mi papá y yo tenemos a pesar de los problemas con mi mamá. Llevarlo puesto, saber que estaba en mi mano era como si sintiera su compañía. Y no, no está muerto, está lejos. Realmente es muy importante para mí. 

Hoy he perdido mi anillo. No sé si vuelva a encontrarlo. Y estoy triste, pero nadie lo entendería si no lee esto. Y debo escribirlo porque si no lo hago no podría dejar de llorar. 

Ahora, las señales.
El jodido universo me mandó las señales y no las vi. 

Primera señal:
Hace dos días me dio una alergia específicamente en el dedo anular de mi mano derecha, donde suelo usar mi anillo. Tuve que darle un descanso. 

Segunda señal:
En la mañana de hoy la alergia permanecía pero como vi que era en menor magnitud, decidí usarlo. 

Tercera señal:
Mientras iba de camino al trabajo, noté el picor y la inflamación nuevamente, me dispuse a cambiar mi anillo de dedo. Para mi sorpresa no me quedaba en ningún otro, y aún así no lo guardé.

Cuarta señal:
Al llegar al trabajo, me dijeron que me colocara una crema para la alergia. Lo hice, y no lo recuerdo bien pero creo que puse el anillo en el dedo anular de mi mano izquierda, donde no quedaba tan bien como en la derecha. De alguna manera, todos los dedos son distintos. 

Luego comencé a trabajar y cuando volví a mirar hacia mis manos, ya en casa, no tenía mi anillo. Sentí un vacío, busqué con desesperación, no tuve éxito.

A pesar de las señales, ignoré el hecho de que debía dejar de usar el anillo por un tiempo y guardarlo en casa. Hice caso omiso de lo que el universo me estaba diciendo y lo perdí. Y no, no existe otro anillo que lo reemplace, es imposible. Ningún anillo tiene tanta historia como ese ni tanto significado. Y ahora estaré triste por quién sabe cuánto tiempo si no lo encuentro. 

Y así nos pasa con todo, con las personas, con el trabajo, con las distintas circunstancias. 
El mundo nos pide a gritos que no hagamos algo y aún así lo hacemos, nos dice mediante señales pequeñas o grandes que no nos conviene alguna acción, lugar o persona y seguimos allí, ignorando. Y sólo nos damos cuenta cuando ya no hay vuelta atrás, cuando ya es demasiado tarde y el daño está hecho. 


viernes, 22 de mayo de 2020

Aromas



Hueles a pera, a tierra mojada.
Hueles a canela, a lluvia una mañana.
Hueles a vainilla, a las olas del mar.
Aromas que jamás podría olvidar.
Hueles a miel, a césped recién cortado. 
Hueles a incienso, a pinos en una montaña.
Hueles a pachulí, a piña y a tabaco.
A sábanas recién lavadas.
Hueles a limón, a rosas de jardín. 
A picante, a madera y a jazmín.
Hueles a té amargo, a albahaca, a lavanda.
A libro nuevo, a flores secas y putrefactas. 
Hueles a brandy, a whisky y a ron. 
A metal, a cerveza y a ámbar.
Hueles a almizcle y a enebro.  
Aromas que me persiguen y me embriagan. 


sábado, 16 de mayo de 2020

Mamá.



Hoy es 16 de mayo y aún no he podido dejar de pensar en el pasado día de las madres. No por lo especial sino porque creo que ha sido el más triste de todos los tiempos, en realidad. Ese día al ver que todos publicaban fotos, textos bonitos y demostraban la buena relación que tienen con sus madres fui consciente en su totalidad de mi realidad, de nuestra realidad. Confieso que tal vez sentí hasta un poco de envidia y por eso decidí dejar el celular a un lado y no mirar ninguna red social.


"¿Y cómo hacemos aquellos que no tenemos una buena relación con nuestra madre?", me pregunté.


Sé que esperabas más de mí, mamá, pero no pude. No quería sentirme hipócrita, ni falsa. Puede que no sea tan buena hija, como lo sientes tú. Puede que tengas razón.

Confieso también que no soy capaz de leer por completo todos esos mensajes que me envías, apenas las primeras líneas... duelen mucho, de verdad duelen mucho. Me hacen recordar cuando era niña y te miraba desde lejos queriendo abrazarte y no podía, por miedo, por miedo a que me rechazaras. Y al final me iba a mi cuarto a escribir en un diario infantil mis sentimientos. Hemos vuelto a eso. Y esta vez, tampoco lo vas a leer, ni siquiera sabrás que he escrito algo al respecto.

Estos días me he puesto a pensar que mi mecanismo de defensa contra quienes me han hecho mucho daño alguna vez es cerrarme de corazón y de sentimientos. Y no es diferente contigo, mamá.

Sé que deseas que te diga que te amo, como toda hija normal lo dice ante su madre, yo también lo deseo pero no puedo. Y no es que no lo sienta, pero se me hace imposible expresarlo. Quizás por temor a abrir mi corazón y que digas o hagas algo que duela. No lo sé. Tampoco podemos actuar normal, eres una madre incomprendida pero yo soy una hija escasa de comprensión.

Y lo menciono porque no concibo entender tu manera de querer. Cuando intento acercarme, me alejas con palabras que hieren y cuando no lo hago, me lo reprochas. Eso duele.

Hoy ambas recordamos el momento en que nací. Bueno, yo no, pero lo imaginé. Sé que sufriste mucho y tuviste que esforzarte demasiado para mantenerme con vida, sé que te hice pasar muchos malos ratos y que aún lo sigo haciendo, pero yo no lo elegí y tú tampoco.

Tú no elegiste la preeclamsia, yo no elegí ser prematura. Tú no elegiste una hija crítica de salud, yo no elegí el reflujo. Tú no elegiste ser hipertensa, yo no elegí que lo fueras.

Quizás nuestra quebrada relación viene de allí, comenzó complicada, creció complicada y sigue rodeada de complicaciones. Pero no es tu culpa y tampoco mía.

Ojalá algún día podamos deshacernos de ellas, es una de las cosas que más quiero en el mundo... De hecho he tenido el fugaz pensamiento de que quizás eso suceda cuando haya una vocecita a lo lejos llamándome mamá. Ese día sabré lo que es estar en tu lugar.


martes, 5 de mayo de 2020

desconectarse



Hay momentos en que sólo la música y la soledad son mis fieles compañeras. Dejando las redes, los mensajes y las llamadas a un lado. Me recuesto en mi cama y con la vista hacia el techo me pierdo en las melodías, cierro los ojos y me dejo llevar. A veces, las lagrimas son mi guía.

Desconectarse del mundo y de la gente es terapéutico, me hace sentir segura. 

Pasan las horas y me pierdo en el tiempo, me buscan pero no me encuentran. Al desconectarme el mundo pierde poder y mi tranquilidad aumenta. Nada me daña, nada me afecta. 

Sentirme lejos es un placer. Nadie sabe de mí y yo no sé nada de nadie, mi mente no se altera. 

A veces me desconecto para escribir y escribo para transmitir.

Para algunos es huir de la realidad pero se equivocan, se trata de buscar el equilibrio para enfrentarse a ella. De encontrar el valor de irte para poder regresar. 

Cuando percibo el momento de volver, le doy muchas vueltas. Es difícil dejar la paz para retornar al caos, al hacerlo se torna disuelta. Conectarse conlleva desastres, tentaciones y desorden. Pero al final es lo que queda. De eso depende la vida y lo que haga con ella. 

martes, 28 de abril de 2020

Muerte por deseo


Ella se encuentra escuchando The Night We Met de Lord Huron cuando se sorprende imaginándose que estás allí, mirándola con ese típico toque de ternura. Te acercas lentamente y al llegar a ella, tus dedos se topan con los suyos y ella se estremece. Recorres su mano, el tacto de su piel, su hombro, su cuello y al llegar a su rostro, le colocas un mechón de cabello detrás de la oreja. Los nervios se notan, la electricidad los rodea, todo lo demás desaparece. 

De repente, la canción ya no suena, comienza Sink into the Floor de Feng Suave. Ella lo sabe, sabe lo que conlleva y tú, aprovechando esa tensión, tomas sigilosamente su barbilla y la besas. Es un beso casto, cuidadoso, delicado. Exploras para descubrir si puedes adentrarte un poco más. No hay resistencia. 

Sus labios se unen, perdiéndose el uno en el otro, tus manos quieren sentirla, hacerla tuya. Ella en cambio, no encuentra noción de lo que está sucediendo. 

Decides darle suaves besos por la mandíbula, su cuello, siguiendo el camino para terminar en la clavícula y allí, en su hombro, das un juguetón mordisco. Ella emite un pequeño gemido, se está dejando llevar. Eres su perdición, es débil ante tu presencia. Los besos se vuelven más intensos, las caricias más profundas, aumenta el ritmo de la respiración. 

Ella al aterrizar por un momento, al tomar aire se percata de la canción de fondo, I Feel Like I'm Drowning de Two Feet y jamás se había sentido tan muerta del deseo.

Te deslizas por toda su espalda hasta llegar a su alma desnuda. Ella es toda sensaciones, el roce de tu piel es lo único que necesita. El roce de tus labios es todo lo que la tranquiliza. 

Comienza Love is a bitch y en un instante, ya no son dos, sino uno. 

Dos corazones latiendo al unísono.

Tocan la puerta. La imagen se esfuma y ella se halla sola. 

Apenas se recupera logra oír lo que en ese momento se reproduce, A Soulmate Who Wasn't Meant to Be - Jessica Benko y nada puede traerla tan de golpe a la realidad como esa canción. 

Todo era producto de su imaginación. 


sábado, 25 de abril de 2020

Belleza



¿De qué sirve la belleza y la hermosura si no llega alguien digno para valorarla?

Si no hay nadie que la admire, ¿por qué está allí? 

Los ojos se hicieron para encontrar, admirar y valorar, para recorrer la belleza de las simples cosas y de la sencillez en persona, pero es en lo que menos se centran. Se fijan en falsas hermosuras que se agotan, se extinguen porque no son verdaderas. 

Hay quienes logran ver aunque sea un poco la verdadera belleza, pero no es suficiente, apenas la notan. Al final, pasa desapercibida porque no son dignos de ella. 

Están aquellos que no se imaginan el potencial, la magnitud de aquella belleza, hasta dónde podría llegar, ni siquiera la detallan y sólo le brindan una mirada casual. 

Entonces, ¿por qué existe si nadie se da cuenta? ¿por qué sigue ahí?

La belleza es un tesoro que merece ser valorada por lo que es y no por lo que aparenta ser, debe ser admirada por unos ojos que valgan lo mismo que ella, que la merezcan. 

Pero, ¿dónde se esconden esos ojos que brillan al verla?

Al menos un par se tienen que topar con tan radiante belleza. 

Al menos alguien tiene que detenerse y apreciar semejante grandeza. 


viernes, 10 de abril de 2020

Rompecabezas



Hay quienes no tenemos un lugar y de tanto buscar permanecemos en la deriva, esperando que alguien nos mire, valore nuestra forma y nos dé un espacio donde encajar, como piezas de rompecabezas.

A veces nos dedicamos a probar, una y otra vez, piezas que se asemejan a la forma de nuestro vacío y lo único que logramos es deformar nuestro espacio, nos equivocamos al seleccionar las piezas y nos esforzamos en encajar, sin percibir que nos hacemos daño al forzar nuestros bordes y al exigir que nos reciba. 

A veces decidimos abrir nuestro corazón, inconsciente e inevitablemente y dejamos que aquellos a los que le dimos un lugar lo recorran como les venga en gana, creen que pueden irse y volver como si nada, como si el corazón fuese un pasillo con puertas batientes.

A veces nosotros mismos no valoramos nuestra forma y nos exponemos fáciles y vulnerables para aquellos que nos probaron una vez.

A medida que vamos construyendo nuestro propio rompecabezas vamos coleccionando piezas que se adosan con facilidad, como almas gemelas, sin necesidad de presionar. Sin embargo, todos somos la pieza faltante en el paisaje de alguien más, la más difícil de encontrar.
  
Somos piezas de rompecabezas.

Deseosos de pertenecer.

De tener un lugar.

De llenar un vacío.

De que nos reconozcan sin necesidad de ocupar el espacio de alguien más.